Al ver lo que acababa de hacer, Liam retrocedió como si hubiera tocado fuego. Se pasó la mano por los labios de inmediato, con un gesto brusco, casi desesperado, intentando borrar el rastro de un beso que jamás debió ocurrir. Algo en su pecho se contrajo, una mezcla inquietante de culpa, asco y arrepentimiento.
Ivet bajó la mirada, consciente del desastre que ambos habían provocado.
—Yo… —balbuceó, con la voz quebrada.
No alcanzó a terminar la frase cuando Paolo apareció en la puerta, pálido.
—S