Pronto llegó el día del evento.
La presentación de la nueva colección de lujo de la empresa Craig tendría lugar en un antiguo castillo a las afueras de la ciudad, una construcción centenaria de muros viejos, lámparas de cristal y jardines interminables que se encendían con luces doradas.
Ese lugar no era para cualquiera: solo la élite, los inversores más crueles y los críticos más severos habían sido invitados. Esa noche, no solo se exhibiría la colección de la empresa Craig… sino también la de Braily, la competencia directa.
Amara se observó frente al espejo antes de salir.
Llevaba un vestido dorado que abrazaba su figura con elegancia, un diseño que ella misma había ajustado hasta el último detalle.
La seda brillaba como si contuviera luz propia. Se veía perfecta, poderosa, casi regia… aunque por dentro ardía una mezcla de nervios y miedo que parecían perforarle el pecho.
—Si algo sale mal… —susurró para sí—. No. Esta vez, no dejaré que nadie me use como una muñeca de trapo. Ya no má