El sonido estridente de las sirenas cortaba la noche como un presagio de calamidad.
Travis yacía en el suelo, incapaz de moverse con normalidad, sintiendo cómo la sangre se le escapaba entre los dedos mientras su respiración se volvía cada vez más entrecortada.
Sus ojos, abiertos de par en par, reflejaban el shock y la incredulidad de alguien que nunca pensó que su vida pendiera de un hilo.
La ambulancia llegó en minutos, pero para Travis esos minutos parecían horas eternas. Cada vibración del v