Amara salió del salón con paso firme, aunque por dentro se estaba desmoronando. La noche, que había empezado llena de expectativas y nervios, se había convertido en una tormenta de emociones que apenas podía procesar.
Aun así, trató de convencerse de que, pese a los altibajos, no había sido un desastre total. Había logrado mantener la compostura, había dado la cara… y ahora solo deseaba llegar a casa, quitarse los tacones y respirar en paz.
Sin embargo, apenas puso un pie en el pequeño descanso