Amelia sintió que las manos le empezaban a temblar bajo el mantel de lino fino. La revelación de Alessandro cayó sobre ella como un balde de agua helada que, paradójicamente, lograba apagar parte del incendio que consumía su pecho. Saber que Ginevra no estaba embarazada le proporcionaba un alivio momentáneo. Por un segundo, la idea de una familia real con Alessandro cruzó su mente como una posibilidad remota pero tangible. Por debajo de la mesa, apretó con fuerza su vientre, hundiendo las punta