Amelia se quedó de pie en el muelle, observando con atención el trasiego de los empleados de Zayed. Sus ojos seguían el movimiento de las cajas que subían a bordo del yate de gran eslora: suministros básicos, un par de cajas de bebidas premium, comida fresca y mantas térmicas para pasar la noche en alta mar. Sin embargo, algo no cuadraba en la logística habitual de un desplazamiento de ese tipo. No vio subir a ningún miembro de la tripulación, ni cocineros, ni personal de servicio, ni siquiera