Amelia salió de la cocina con un paso rítmico que acentuaba el movimiento de sus caderas, dejando a Alessandro estático en medio del pasillo. Él se quedó allí unos segundos, observando cómo la silueta de su esposa desaparecía tras la puerta de la cubierta, sintiendo que la sangre le hervía bajo la piel. Su mirada se detuvo en el balanceo de ese cuerpo que deseaba con locura. Deseaba prenderse de ella con una intensidad que le asustaba, una mezcla de posesión y una devoción que no terminaba de a