La noche anterior.
Valerio salió de la mansión De Lucas sintiendo que la sangre le hervía en las venas. La rabia sorda que burbujeaba en su interior amenazaba con nublarle la vista. ¿Ginevra estaba embarazada? ¿Y pretendía que el hijo fuera de Alessandro? El nudo que sentía en su garganta era duro como una piedra, y sentía el corazón como si lo estuvieran abriendo en dos. No, no podía ser cierto. Los cálculos no mentían, y si ella realmente estaba esperando un hijo, ese niño tenía que ser suyo.