Ginevra sentía que no podía respirar. El aire se había vuelto pesado en sus pulmones y un puchero involuntario se formó en su boca, mientras sus labios comenzaban a temblar violentamente. Las lágrimas, que apenas habían cesado de brotar, inundaron sus ojos marrones una vez más, nublándole la vista. ¿Era real lo que estaba viendo? ¿Valerio estaba de verdad ahí?
Valerio interrumpió de forma abrupta en la cabina principal de pasajeros, empujando con una fuerza descomunal a los dos hombres de segur