El nudo que se formó en la garganta de Amelia fue demasiado áspero, una masa de orgullo y tristeza que parecía maltratarle las cuerdas vocales desde adentro. Sintió que el conducto se cerraba por completo, dejándola en un vacío de aire que le provocó un mareo momentáneo. Se había ido. Alessandro se había marchado de la ciudad y de su vida para siempre. Ella misma se lo había exigido; ella fue quien puso los papeles del divorcio sobre la mesa y quien le gritó que lo quería fuera de la casa, pero