Amelia se quedó estática en medio de la habitación, sintiendo cómo el mundo que conocía se desmoronaba bajo sus pies. El aire se volvió pesado y sus pulmones parecían incapaces de retener el oxígeno mientras procesaba, palabra por palabra, la declaración de su nana. Durante toda su vida, Amelia se había torturado buscando una respuesta al desprecio de Beatrice. Nunca entendió por qué la mujer que debía amarla por sobre todas las cosas la trataba con una crueldad tan metódica. Recordó los días d