CAPÍTULO — Martín Fontes
Martín Fontes siempre supo que ese dinero no era realmente suyo.
Lo había pedido como herencia en efectivo, sí. El abuelo se lo había dejado. Pero no fue un regalo limpio ni libre. Vino con advertencias. Con condiciones claras.
Era plata limpia, bien invertida, construida durante años de trabajo y paciencia. Pero también era una sola oportunidad.
Si la gastaba mal, no había vuelta atrás.
No podía volver.
No podía pedir más dinero.
No había red para el error.
Rosa había sido la única que lo respaldó cuando decidió irse del grupo Fontes, cuando se peleó con Carolina por orgullo, por bronca, por sentirse menos. Rosa confió en él, pero también le dejó algo muy claro, mirándolo a los ojos, sin adornos:
—Martín, si perdés esa plata, yo no puedo hacer nada. Pensá bien. El dinero no vuelve solo.
Ese recuerdo le cruzó la cabeza justo cuando Gonzalo Ortega apoyó los papeles sobre la mesa.
—Tenemos que cerrar esto hoy —dijo Gonzalo, sin rodeos—. Mañana ya no s