CAPÍTULO — Martín Fontes
Martín Fontes siempre supo que ese dinero no era realmente suyo.
Lo había pedido como herencia en efectivo, sí. El abuelo se lo había dejado. Pero no fue un regalo limpio ni libre. Vino con advertencias. Con condiciones claras.
Era plata limpia, bien invertida, construida durante años de trabajo y paciencia. Pero también era una sola oportunidad.
Si la gastaba mal, no había vuelta atrás.
No podía volver.
No podía pedir más dinero.
No había red para el error