CAPÍTULO 154 — “A nuestro ritmo”
El auto frenó frente al boliche, con la música vibrando desde la vereda como si el lugar respirara por las paredes.
Kevin bajó primero, rodeó el capó y abrió la puerta de Soledad con exagerada solemnidad.
—Su carruaje, señorita —dijo, inclinándose.
—Ridículo —respondió ella, pero le dio un beso igual.
Cristian salió del asiento trasero sin apuro. Cerró la puerta con cuidado, como siempre, pero esa noche no midió el paso ni buscó el borde del cordón con la p