CAPÍTULO — “No necesito que me ayuden”
Kevin llegó un segundo después, como si la escena lo hubiera esperado.
Venía con esa facilidad que Cristian detectaba sin querer. Ya lo había visto demasiadas veces alrededor de Mía: en recreos, en la cafetería, en los pasillos. Siempre cerca. Siempre cómodo. Caminaba sin medir distancias, sin calcular ángulos, sin pensar dónde apoyaba el pie. Eso que Cristian, incluso en sus mejores días, hacía por reflejo aprendido: medir, prever, corregir.
Se acercó a