CAPÍTULO 72— La visita
Un sonido de esos que no anuncian nada, pero igual incomodan, se oyó en mitad de la tarde tranquila cuando tocaron el timbre.
Carolina estaba sentada en el sillón, con las piernas recogidas y una manta liviana sobre ellas. Tenía los ojos cubiertos, como seguiría teniéndolos todavía unos días más, pero el oído estaba atento a todo. Desde que había vuelto a la casa de su madre, escuchaba algo distinto. Todo más claro y fuerte.
—Yo atiendo —dijo Betina desde la cocina.
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