Marina se acomodó en el sillón que Gael había preparado para ella, adoptando con precisión la posición que él le había recomendado con tanto cuidado.
La luz de la tarde se filtraba por las amplias ventanas del estudio. Cada movimiento de su cuerpo era calculado, cada respiración controlada, mientras se mantenía inmóvil como una estatua.
La tensión en el ambiente era palpable, cargada de emociones no expresadas y deseos silenciados.
Sus dedos se entrelazaban sobre su regazo temblorosos, aunq