Venganza.
Ya entrada la noche, después de que los niños estuvieran profundamente dormidos en sus respectivas camas, Stella ingresó con pasos silenciosos a la habitación principal, para encontrar a un Sebastián ya bañado, refrescado y cómodamente acomodado entre las sábanas.
A pesar del evidente agotamiento, una sonrisa cálida se dibujó en su rostro al verla entrar, como si su mera presencia fuera suficiente para aliviar su agotamiento.
Había tenido un día extremadamente ajetreado en la oficina princi