Él te está manipulando.
El papel seguía temblando en las manos de Sebastián, pero no tanto como su ego, que comenzaba a resquebrajarse con cada mirada que Isabella le lanzaba como puñales en silencio.
En su mente, la negación intentaba luchar contra la certeza, pero era inútil.
El divorcio, esa palabra que nunca creyó real, se le encarnaba ahora en tinta y papel.
Ella, sin perder la compostura ni permitir que un solo músculo de su rostro revelara agitación, extendió los dedos y le arrebató la hoja con una calma gélida