Tengo todo bajo control.
Aferrado a la carpeta, Sebastián descendió por el edificio con el gesto endurecido.
No había gloria en su expresión, solo la determinación de un hombre que ya había perdido demasiado.
El orgullo herido exigía redención, y la culpa, esa que lo había estado devorando en silencio, lo empujaba con una fuerza implacable.
Ya no estaba dispuesto a permitir que siguieran utilizando el nombre de Isabella para encubrir los pecados de otros.
El teatro de Alessia se acercaba a su final, y él pensaba arranc