No digas que no te lo advertí.
El salón se encendió de inmediato, las voces se atropellaban unas a otras, las preguntas surgían desde todos los ángulos como proyectiles y el ambiente se volvió un caos vibrante, semejante al zumbido de un enjambre furioso que no encontraba contención.
Sebastián permaneció erguido, dejando que el ruido creciera hasta volverse ensordecedor. Entonces, la voz de una reportera logró destacarse por encima de todo.
—¿Y cómo podemos saber que esto no es solo un intento por limpiar su imagen? ¿Tiene p