Sigues estando tan ciego por esa mujer.
Alessia se mantuvo en silencio, sus labios apretados en una línea tensa. La rabia le ascendía por la garganta mientras sentía cómo el calor subía desde su cuello hasta encender sus mejillas.
Buscó apoyo en la mirada de Sebastián, como quien lanza un salvavidas en medio de un naufragio emocional, pero él seguía inmóvil, atrapado entre la impotencia, la sorpresa y una resignación que se colaba por los bordes de su fachada.
Leonardo carraspeó suavemente, rompiendo el silencio con la autoridad de q