Mundo ficciónIniciar sesiónEl deseo y la pasión se complementan cuando tienen el mismo objetivo: el clímax. Desde lo prohibido hasta lo fugaz, lo intenso y lo predeterminado. Cuando la excitación se apodera de tu cuerpo, la única forma de saciar cada una de tus necesidades carnales es poder llegar al orgasmo.
Leer másRELATO 1: Un invitado en casa.
Camila y Lorenzo llevan más de quince años de matrimonio, sin embargo, los últimos dos años han sido todo un caos…
¿Podrán hacer que las llamas de la pasión en su relación vuelvan a aparecer cuando Simón, el primo de Lorenzo llegue a quedarse una temporada con ellos?
***
Camila suspiró y lanzó todo lo que tenía sobre la mesa. El silencio de la casa ya no era perturbador, por el contrario, el silencio se había convertido en su mejor compañía.
Se sentía completamente agotada, la rutina la estaba consumiendo por completo.
Sus días estaban llenos de monotonía. Sus hijos eran grandes y ya no dependían tanto de ella.
Había momentos en los que se sentía completamente inútil estando sola en casa, su vida social era únicamente compartir con sus hijos y su esposo.
Aunque él parecía ya no notarla.
Las fiestas, las reuniones con amigos, habían quedado en el pasado.
Y aunque en el momento en que se casó estaba completamente segura que era la mejor decisión, con el tiempo se había dado cuenta que el amor no lo era todo en la vida.
Ahora no solo estaba viviendo una rutina diaria totalmente desgastante, si no que también vivía en completa abstinencia.
Y eso era lo que más le estaba afectando en ese momento. A veces tocarse, no era suficiente.
Amaba a su esposo, eso no iba a cambiar nunca. Pero el paso de los años, el agotamiento mental, físico, el trabajo, los hijos y varias excusas más que podía decir en el momento había generado una desconexión sexual entre los dos.
Una desconexión que le estaba pasando factura a ella…
Porque en esos momentos de su vida su deseo sexual en lugar de apagarse, estaba completamente encendido.
Quería sentirse deseada, que la volviera a tomar como solía hacerlo. Que la hiciera venirse una y otra vez dejándola completamente exhausta pidiendo más.
Miró la hora, aún tenía tiempo para ella antes de que llegara su esposo o sus hijos.
Ella fue hasta la habitación, cerró con seguro y sacó del cajón a su pequeño amigo.
Su confidente como solía decirle en la soledad, sin eso posiblemente se hubiese vuelto loca.
Últimamente su líbido había aumentado y ni siquiera las pocas veces que su esposo llegaba con ganas, la satisfacía.
Ella se miró en el espejo, lo ubicó frente a la cama en la posición correcta en donde podía verse de la mejor manera, como siempre.
Retiró sus prendas lentamente mientras que pasaba sus dedos deslizándolos por su piel.
Su mirada cambió, sus pupilas se dilataron, su cuerpo se excitó por completo de solo imaginar que alguien la podía tocar de esa manera de nuevo.
Camila pasó las manos por sus pezones, una y otra vez de manera circular hasta dejarlos completamente erectos.
Su pecho comenzó a agitarse a medida que sus manos iban bajando. Su intimidad estaba completamente húmeda, cerró los ojos e insertó su dildo.
Gimió, gimió una y otra vez con la vibración de aquel aparato que le hacía ver estrellas… apretó las sábanas al subir la intensidad, su boca emitió sonidos desgarradores, sin cuidar el volumen de su tono de voz, sin pensar que alguien la pudiera estar escuchando, simplemente jadeó dejando salir todo lo que estaba acumulado en su interior.
Su clítoris palpitó con fuerza, de nuevo un orgasmo que la dejó exhausta.
Ella sonrió complacida, sin embargo, no le era suficiente. Y en lugar de quedar satisfecha, quedó deseosa de más.
Sentía como su vagina buscaba fricción, buscaba tener un contacto mayor.
Como siempre levantó su desorden y se dio un baño para que de nuevo fuera la perfecta ama de casa que solía ser todos los días. Ocultando su verdadera personalidad, su verdadera necesidad.
Un par de horas más tarde tenía lista la cena y como de costumbre, su esposo había llegado de nuevo tarde y cansado.
Cuando sus hijos se fueron a su habitación, ella se acercó a Lorenzo. Aunque no le fuera suficiente necesitaba sentirlo dentro de ella para calmar esa sed que el dildo no logró calmar.
—Deberías dejar eso que estás haciendo, podríamos subir a la habitación y…
—Estoy agotado mujer. No quiero nada. —Él bebió de su bebida—. Olvidé decirte que mi primo viene a pasar una temporada con nosotros.
—¿Una temporada con nosotros? Te das cuenta Lorenzo que todo el día, todos los días, me encargo de hacer que la casa se vea así, de tener la comida lista y la ropa limpia para que me pongas más carga trayendo a tu primo.
Él esbozó una sonrisa.
—Lo único que haces es quedarte en la casa, aquí la única persona que trabaja y se cansa soy yo. No tengo que pedirte permiso para traer a un familiar que me necesita.
Camila apretó sus manos por debajo de la mesa.
Ya no valía la pena molestarse, ni siquiera causaba decepción… ya se había acostumbrado y nada le sorprendía.
—Solo tienes que poner un plato de comida más en la mesa, nada más.
Ella sonrió con agriedad y luego asintió con su cabeza… resignada.
—¿A qué hora llega? —preguntó Camila, rompiendo el vacío.
—En cualquier momento —respondió él, sin levantar la vista—. El vuelo de Simón se retrasó, pero ya está en el taxi. Recuerda que solo será una temporada hasta que se instale.
Camila asintió, aunque Lorenzo no la veía.
A los pocos minutos la puerta principal sonó.
Cuando la puerta se abrió, Camila quedó con su boca abierta. Paso saliva al recorrerlo con la mirada por completo.
Simón no se parecía a Lorenzo… en nada.
Era candente.
Su cabello estaba revuelto por el viaje, era largo y rubio… y su chaqueta de cuero lo hacía ver como un hombre frío y excitante.
Cuando Simón puso su mirada sobre ella, Camila comprendió que la idea de tenerlo en casa una temporada, tal vez no sería tan mala.
Sara abrió sus piernas y pasó sus manos a lo largo de su cuerpo, deslizó sus dedos por sus senos tocando con suavidad sus pezones, ante la atenta mirada del hombre frente a ella a través del enorme ventanal. Cuando finalmente se detuvo en su vientre la mirada de Damián se oscureció, él apretó su falo y gruñó. Verla allí con sus piernas abiertas, con sus dedos rozando sus labios vaginales era extremadamente excitante. Con su mirada supuestamente tan inocente y tan pecadora al mismo tiempo. Sara deslizó sus dedos con suavidad y luego finalmente metió uno de ellos dentro de su vagina. Su boca se abrió soltando un gemido ahogado, sus dedos comenzaron a salir entrar en ella con una facilidad impresionante. Estaba completamente mojada, totalmente excitada al tener esa imagen frente a ella. Él la observaba con deseo, mientras se masturbaba una y otra vez y su rostro totalmente desconfigurado por la excitación que lo recorría de pies a cabeza. Las piernas de Sara se abrieron un poco
Relato 5: Una vecina obsesivaSara abrió sus ojos y su respiración se agitó. Damián le dió un último vistazo y luego giró su cuerpo para volver a su lugar. —Te puedes retirar, es todo por ahora. —¿Es… todo por ahora? —cuestionó ella tragando saliva con fuerza. —Así es. Es todo por ahora quizá más adelante puedas… puedas recompensarme por guardar tu secreto. Quizás podamos llegar a un acuerdo y que las cosas se hagan diferente. —¿Diferentes? —Exacto. Tal vez pueda ser yo ahora el que se deleite con la vista, quizá sea yo el que pueda disfrutar mientras se observa a través de la ventana. —Sara abrió sus ojos de par en par, pero por una extraña sensación, no sintió vergüenza—. Es todo por ahora. Sara se puso de pie con su corazón latiendo con fuerza. La mirada penetrante de Damián que dejaba claro que él era consciente de lo que estaba hablando, de su secreto. De lo que ella hacía en la oscuridad, en las noches. Sus mejillas se sonrojaron, ¿En verdad era posible que él se hubiera
Relato 5: Una vecina obsesiva. Damián comenzó a presentarse, explicando sus nuevas políticas de rendimiento, pero Sara no podía escuchar una sola palabra. Sus ojos fijos en él devoraban la tela de su traje gris hecho a medida; su mente, traicionera y desbocada, comenzó a desvestirlo en ese mismo instante, los recuerdos en su cabeza hicieron eco sin poder evitarlo. Recordando la cicatriz que tenía cerca de la cadera izquierda y el vello oscuro que adornaba su pecho, detalles que solo ella conocía en esa sala. De pronto, la mirada de Damián barrió al grupo y se detuvo directamente en Sara. Al notar la palidez de ella y la intensidad de su mirada fija, Damián arqueó una ceja con curiosidad y esa suficiencia que lo caracterizaba. Sara bajó la vista de golpe, sintiendo que un rubor violento le quemaba las mejillas y que una humedad traicionera comenzaba a florecer entre sus piernas.Su secreto, ese secreto peligroso, acababa de mudarse a su lugar de trabajo.Durante las dos semanas si
Relato 5: Una vecina obsesiva. Sara lleva una vida aburrida, del trabajo a la casa… nunca ha tenido novio, pero su vecino la tiene completamente loca. ¿Qué pasará cuando Sara conozca a su nuevo jefe y se de cuenta que es el vecino al que suele espiar en las noches? *** La vida de Sara se regía por una monotonía tan predecible. A sus veintiséis años, su rutina era un bucle infinito. Despertarse a las seis de la mañana, tomar el mismo autobús hacia su aburrido empleo de analista de datos, regresar a las seis de la tarde, cenar algo precocinado y dormir. Nunca había tenido una relación seria; sus amigas solían bromear diciendo que Sara tenía un escudo invisible contra el romance. Y eso era algo que ella no negaba. Especialmente porque nadie sabía, el secreto que guardaba bajo llave en lo más profundo de su intimidad. Y es que Sara no necesitaba salir a buscar emociones porque el centro de su universo estaba a solo unos metros de distancia, justo al otro lado del patio interior
Último capítulo