No voy a soltarte.
Isabella sintió cómo las palabras de Gabriel golpeaban en rincones que creía olvidados, removiendo memorias y cicatrices que aún no terminaban de cerrar.
Recordó, una tras otra, las humillaciones sufridas en su vida pasada, aquellas que había intentado enterrar bajo capas de fortaleza. Sin embargo, lo que más le dio una punzada aguda en el corazón fue el bebé que murió con ella y que nunca pudo ni podrá conocer, un recuerdo que la atravesó con una mezcla insoportable de dolor y ternura perdida.