No pienso suplicarte.
La mañana siguiente comenzó como tantas otras en el Lyon Group.
Informes apilados sobre la mesa, carpetas abiertas, correos electrónicos pendientes y el aroma del café recién servido que, como casi siempre, se enfriaba antes de ser bebido.
Sin embargo, había una diferencia, y estaba en la expresión de Gabriel.
Su rostro, habitualmente tallado en piedra, mostraba una tensión sutil, casi imperceptible, como si debajo de esa superficie helada hubiese algo contenido, una vibración de emociones repr