No eres ella.
Alessia apretó la mandíbula, sintiendo cómo la tensión le subía por el cuello y se instalaba en la base del cráneo, mientras luchaba por disimular la mueca que amenazaba con delatarla.
En su mente, una corriente de pensamientos se mezclaba, el orgullo herido, la certeza de que estaba a punto de ocupar un lugar que nadie le había pedido, y la amarga ironía de ofrecerse como yeso para un hueso que jamás reclamó su forma.
Se obligó a recomponerse y, con la precisión calculada de quien sabe modular