Marcando territorio.
La pregunta cayó como un misil. Isabella lo miró fijamente, y por un segundo sus ojos ardieron de indignación.
—No pienso responder a esa clase de preguntas. Y no porque no tenga una respuesta, sino porque no te la mereces —dijo con un tono sereno, pero cargado de una furia que latía bajo la superficie como un volcán a punto de despertar.
Mientras hablaba, sus dedos se aferraron con disimulo al tallo de la copa, no por debilidad, sino como si canalizara en ese gesto toda la rabia que no estaba