El calor húmedo de Panamá no era nada comparado con la tensión que llenaba el aire. Los chicos habían llegado para quedarse. No hubo negociación, no hubo espacio para protestas: ellos desembarcaron con niños, maletas y determinación.
Julieta, sin embargo, levantó un muro invisible. Kenji lo sintió apenas cruzó la puerta. Ni una caricia, ni un gesto de bienvenida. Ella había dejado claro, con una frialdad impecable, que él no dormiría bajo su techo.
Así Kenji terminó alquilando una casa a dos