Barak estaba en el pasillo, apoyado en el marco de la puerta, cuando escuchó a su esposa decirle a Kenji aquello tan duro. Vio cómo su amigo se encogía sobre sí mismo y se quedaba sentado en el sofá, como un hombre derrotado.
—Kenji. —Dijo en voz grave, acercándose. —Vamos.
—¿A dónde? —Preguntó el otro con la mirada perdida.
—A despejarte. Un trago, música, cualquier cosa menos quedarte aquí como fantasma. —Kenji lo miró un instante. Luego asintió sin fuerzas. Barak se giró hacia Lianett.
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