La noticia de que las habían localizado había caído sobre la casa como un rayo. Julieta no podía calmarse; caminaba de un lado a otro de la sala con las manos en el cabello y los ojos perdidos. Serena y Lianett intentaban mantener la calma, pero sabían que el reloj corría.
—¡No puedo! —Explotó Julieta golpeando la mesa de centro. —¡No estoy lista para verlo! —Lianett y Serena intercambiaron una mirada. La escena era inevitable, pero ver a su amiga tan al borde les apretaba el pecho. —Tenemos qu