El sol de Panamá entraba por las cortinas con un tono dorado que convertía todo en una postal tropical. Julieta se había acostumbrado a ese calor húmedo y a la música que llegaba desde la calle: vendedores ambulantes, niños jugando en las aceras, camiones de fruta pasando con bocinas que gritaban las ofertas del día. Serena y Lianett se movían como en casa, y entre las tres habían construido una rutina de mañanas tranquilas, almuerzos ligeros y tardes de paseo.
Julieta ya sonreía más. Todavía h