Kenji llegó a la mansión de Barak al amanecer. La luz gris filtrándose por los ventanales hacía parecer todo más frío. No había dormido. Kai estaba seguro y vigilado por un amigo por si Mara sospechaba algo, pero lo que su hijo le había revelado le hervía en la cabeza.
Al abrirse la puerta, Lianett apareció con su bebé en brazos y la mirada todavía cansada. Detrás de ella, Barak, de brazos cruzados y ojos fríos, como si se esperara una nueva discusión.
Kenji levantó las manos, agotado.
—Nece