Kenji había pasado los últimos tres días encerrado en una sala improvisada de operaciones en la mansión de Barak. No había permitido que nadie entrara, ni siquiera Lianett. Había conectado viejas bases de datos, comprado accesos clandestinos, rastreado llamadas, revisado contratos y hasta había conseguido informes internos de la agencia.
En todas las carpetas aparecía el nombre de Mara como un hilo conductor, pero ninguno ofrecía una prueba contundente de traición. Mara era impecable. Era, com