La puerta se abrió lentamente y apareció Mara. Su rostro fingió sorpresa, los ojos bien abiertos y un gesto de incredulidad en los labios; pero por dentro, cada fibra de su cuerpo sonreía satisfecha. Kenji había hecho exactamente lo que ella esperaba: venir a ella, por voluntad propia.
—Kenji… —Murmuró, la voz entrecortada. —No esperaba verte aquí. —Él la estudió en silencio, con la misma mirada de lobo que tenía cuando ambos eran adolescentes. Por un instante vio a Julieta en su mente, su vie