Había pasado una semana desde el parto de Lianett y ya cada uno había recuperado su vida. Ahora Julieta estaba viviendo si matrimonio y Lianett hacia lo propio en su mansión.
Julieta sentía que, pese al cansancio, la vida estaba finalmente entrando en calma, pero algo en Kenji no era igual.
Él seguía allí, pendiente de ella, pero había una sombra distinta en su mirada. No era distancia abierta, sino una especie de distracción, de mirada perdida en otro horizonte. Cada vez que Julieta intentab