Kenji se quedó inmóvil, las palabras de Mara martillándole en la cabeza. El ruido del parque de diversiones se volvió un zumbido lejano, como si el mundo se hubiese apartado unos metros para dejarlo solo con aquella frase.
—Tenemos un hijo… —Repitió en un susurro, como si necesitara escucharse para creerlo.
Mara no apartó la mirada. Su gesto no era de triunfo ni de reproche abierto, sino de una calma peligrosa, como el silencio antes de la tormenta. Los niños seguían en la atracción de al lad