El bosque vibraba con la tensión de los hombres armados que rodeaban al grupo. Julieta respiraba con dificultad, aferrándose al brazo de Lianett para no derrumbarse. Su vientre ardía con espasmos cada vez más intensos, pero no había espacio para el dolor cuando las miras estaban fijas en Kenji.
Shouda dio un paso al frente, con su arma baja, pero la mirada dura como el acero.
―Ríndete, Kenji. ―Dijo con la voz de quien no amenaza, sino sentencia. ―Sabes que la Agencia nunca deja cabos sueltos