Lo habían tenido vigilado por la falta que cometió, él se enamoró de quien no debió y comprometió la misión. Su castigo era encargarse de la mujer que ama y no puede haber algo más duro para él.
―Digamos que quería divertirme un poco. ―Sonrió. ―Ver a mi enemigo retorcerse del coraje por yo tener lo que le pertenecía, pero no duró mucho. ―Ladeó la sonrisa burlándose de sí mismo. ―Lo elegiste a él, ¿No? ―Río.
―El jet está listo. ―Uno de los hombres que lo acompañaba cortó el momento. ―Solo nos