Lo habían tenido vigilado por la falta que cometió, él se enamoró de quien no debió y comprometió la misión. Su castigo era encargarse de la mujer que ama y no puede haber algo más duro para él.
―Digamos que quería divertirme un poco. ―Sonrió. ―Ver a mi enemigo retorcerse del coraje por yo tener lo que le pertenecía, pero no duró mucho. ―Ladeó la sonrisa burlándose de sí mismo. ―Lo elegiste a él, ¿No? ―Río.
―El jet está listo. ―Uno de los hombres que lo acompañaba cortó el momento. ―Solo nos están esperando para despegar.
―¿Sabes que Barak jamás me traicionaría? ―Lianett lo miró a los ojos. ―Nos encontrará, no creo nada de lo que me has enseñado. Aquí la única tonta y desconfiada fui yo.
―Vaya que lo tienes en un pedestal. ―Carcajeó. ―Él sabe que no puede hacer nada, así que mejor resígnate. Solo te queda hablar y obedecer. ―Miró el móvil y el que Joseph no le dijera nada lo preocupó, pero no le dio importancia. Ese muchacho siempre hace lo que le da la gana.
La llegada al hangar