El ambiente se volvió tenso, el silencio de Lianett fue peor que miles de gritos. Ella simplemente estaba ahí, en el umbral inmóvil, mirando a sus hijos y a Serena por turnos.
Ya se habían separado debido a la sorpresa de verla ahí, pero ella seguía con ese mismo gesto que puso al verlos en brazo de la mujer que no tolera ni un poco.
—Muñequita. —Barak se acercó a ella para poder cerrar la puerta. —Por favor, escucha la explicación. —Le imploró con la mirada. Conoce bien a su mujer y sabe qu