Para Barak no había nada que hacer, su muñequita sabía de donde agarrarlo y no podía arriesgarse a que sus hijos se descontentaran con él, así que dar su brazo a torcer fue la mejor decisión, aunque él solo pensaba en su ego y en como no podía tener el control de la situación.
Los últimos días habían sido difícil, si bien sus hijos se habían acercado un poco a él, lo seguían viendo como un desconocido y eso lo frustraba demasiado. Lianett por su parte ha estado de los más feliz trabajando y ca