―¡No puedes estar sin comer y encerrada en esta habitación! ―Barak estaba frustrado. ―¡Mis hijos piensan que soy yo el del problema y están por no perdonarme!
―Es tu problema. ―Vociferó a punto de perder la razón. ―¡No les has cumplido! Ellos quieren mi libertad y yo haré que te ødien de nuevo. ―Sonrió. ―Aunque eso ya lo están haciendo, ¿Cierto? ―Barak respiró pesadamente, por primera vez no podía hacer lo que sabía hacer mejor, doblegar a la gente para que hicieran lo que él demandaba. Es inc