ETHAN GARDNER
Yo no sabía si reír, desmayarme… o pedirle matrimonio ahí mismo.
Olivia, aún sonriendo como si todo esto no fuera una bomba nuclear emocional, se giró hacia mí mientras Oliver la soltaba con resignación.
Yo seguía clavado en el lugar como si mis pies fueran raíces y ella la tormenta perfecta.
—Por cierto, princeso —dijo sacando su celular como si nada—. Dijimos que si el destino nos cruzaba una tercera vez… te daría mi número, ¿recuerdas?
—S-sí —balbuceé, con la voz temblorosa de