ASHTON GARDNER
—Ash, puedo caminar —protestó ella entre risas cansadas, mientras rodeé su espalda con un brazo y la levanté del suelo como si pesara menos que el aire.
—Sí, claro. Y yo soy bailarín de ballet —respondí, mirándola con una ceja alzada mientras la acomodé contra mi pecho.
Ella resopló, pero no dijo nada más. Sé que está agotada, aunque intente disimularlo. El viaje desde el hospital fue corto, pero suficiente para verla cerrando los ojos varias veces, luchando por mantenerse despie