ASHTON GARDNER
Todavía me latía fuerte el corazón. No podía quitarme de la cabeza ese instante exacto en que los vimos. Claramente. Nuestro niño y nuestra niña. Seis meses y al fin se habían dejado ver. Era como si hubieran querido hacernos esperar hasta estar seguros de que no cambiaríamos de opinión. Como si supieran que mientras más se demoraran más felices seríamos cuando lo supiéramos.
Miré de reojo a Liss, sentada en el asiento del copiloto con una sonrisa serena, la mano sobre su pancita