Para Amaya, los días que siguieron, a pesar de que la melancolía y la duda a veces la invadían, estuvieron llenos de paz, esa que da el aceptarse uno mismo y sus sentimientos.
El mar tormentoso que fueron sus emociones y que la llevaron a luchar consigo misma, ahora estaba en calma. Pero el futuro, lejos de ser un escenario brillante y esperanzador, aún mostraba la amenaza de la guerra, la lucha de las especies por la supremacía.
Girada de costado en la cama de Ryu, se apoyaba en uno de sus co