Después de dormir casi todo el día, Amaya salió al jardín interior. Los últimos rayos del sol se colaban a través del techo de cristal del invernadero. Aspiró el dulce olor de las rosas. Varias mariposas azuladas revoloteaban a su alrededor junto con algunas libélulas cuyas alas transparentes parecían burbujas de jabón.
Los colores a su alrededor la parecieron más vivos, el escarlata de las rosas más brillante, el rocío que se escondía entre sus pétalos, seguro era más dulce y el blanco de los