Los cazadores caminaron de prisa hasta llegar al auto y subieron rápidamente sin dar crédito a su buena suerte. Amaya permanecía callada, pero agradecida de que estuvieran a salvo.
Karan encendió el motor y aceleró de inmediato. A los pocos minutos sintió como varias motos de alto cilindraje los perseguían y casi les daban alcance. El muchacho aceleró aún más aumentando la distancia.
Muy pocos autos transitaban la carretera oscura, a los que hábilmente Karan lograba sobrepasar, aunque no con