Afuera, la fría oscuridad nocturna daba cuenta de la llegada de Karan y Adriana. Cautos, los cazadores detuvieron el Audi negro lejos de la edificación para no llamar la atención, luego se encaminaron al portón electrónico.
Adriana miró la fortaleza ante ella y la zozobra se apoderó de su espíritu. Se meterían a la boca del lobo.
Frente al complejo, había una larga fila de autos de lujo aparcados y otros esperando para ser ubicados mientras sus glamurosos ocupantes descendían de los vehículo