Kaia
Di vueltas en la cama antes de despertarme, luego me froté los ojos, extendí los brazos y solté mi característico grito junto a un largo bostezo.
—¿Dónde estoy? —me pregunté después de incorporarme, toda desorientada al notar que no estaba en mi habitación—. ¡Ah, cierto! —recordé, y mi corazón empezó a latir muy fuerte porque vería a Nevan. Estaba en su casa, pues mis padres y yo nos quedamos a pasar la noche.
—¡Ah! ¡Voy a desayunar contigo! —celebré, y empecé a brincar en la cama como si