Kaia
La brisa y los movimientos bruscos de mi huida levantaban mi cabello mientras yo corría en medio del bosque.
Las lágrimas me mojaban las mejillas, y el corazón daba palpitaciones eufóricas que me exaltaban.
Era una tonta...
Me detuve cuando supe que me había alejado demasiado, y de repente el bosque se sintió demasiado oscuro y tenebroso para mí, pese a que la claridad del día se colaba con timidez entre las hojas.
—¡Tonta, tonta, tonta! —peleé conmigo misma mientras caminaba en círculo en