Kaia
El sol empezaba a ponerse cuando llegamos a la galería. Nevan se apeó deprisa, me abrió la puerta y me ayudó a salir.
No sabía por qué hacía eso si yo misma podía, pero así era él. Y me encantaba.
Desde que pusimos un pie dentro del edificio, Lana lo recibió casi corriendo, lo jaló del brazo y se lo llevó a rastras. Tuve que agrandar mis pasos para seguirles el ritmo.
Entramos a un salón lleno de esculturas de diferentes formas. Todas elegantes, artísticas y hermosas...
Me quedé congelada